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Política / « “A Creel le afectó ser el candidato oficial en 2006”: Calderón»
    Fecha: 29 de Junio del 2011 | Reportero(a) Manuel Cabrera

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*“A Creel le afectó ser el candidato oficial en 2006”, considera Calderón
“A Creel le afectó ser el candidato oficial en 2006”: Calderón
 
CIUDAD DE MÉXICO, 29 de junio.- El presidente Felipe Calderón consideró que a Santiago Creel “le afectó ser candidato oficial” durante el proceso panista rumbo a las elecciones de 2006. Por esto, aseguró en entrevista, está “totalmente de acuerdo” en no promover a ningún precandidato para relevarlo en 2012.

Del secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, comentó: “Tiene el valor de salir” y no sólo “ver los toros desde la barrera”.

Sobre la lucha anticrimen, rechazó que la haya emprendido para legitimarse. Dijo que fue tras una plática con Lázaro Cárdenas Batel, entonces gobernador de Michoacán, que decidió comenzarla. Posteriormente, otros gobernadores pidieron operativos.

“Es falso que usara la seguridad para legitimarme”

 Los operativos militares y el combate frontal al narco, aclara el mandatario, se volvieron prioridad una vez estando en la Presidencia, cuando el gabinete descubre el grado de descomposición social que imperaba. Por primera vez, Calderón relata el minuto en que decidió sacar al Ejército a las calles y tratar de recuperar los espacios que se había apropiado el crimen organizado

 “Absurdo”. El presidente Felipe Calderón no duda en calificar así el marco legal que se diseñó para evitar que los políticos expresen sus aspiraciones e incluso muchas de sus ideas si no es en los confines de un periodo de proselitismo reconocido legalmente como tal.

“Debemos evitar, después de tantos años de luchar contra la censura y de lograr la libertad, que nosotros no podamos hablar con libertad de lo que pensamos”, me responde, a modo de explicación, cuando le pregunto si desea entregar a un correligionario suyo la banda presidencial el 1 de diciembre de 2012. “Como miembro de un partido, es legítimo (querer) que ese partido gane las elecciones”.

A la mitad de su quinto año de gobierno —aquel que ha sido llamado el de Iván el Terrible, porque supuestamente se desatan en el Presidente en turno la desconfianza y el rencor—, Calderón confirma otra de las creencias que existen sobre quienes han ocupado el Ejecutivo: que el ejercicio del cargo entraña una enorme soledad.

—¿Existe esto del “gran solitario de Palacio”? —le pregunto.

—Pues en buena medida sí, porque la conexión que uno quisiera siempre tener con la gente es muy difícil de sostener. Van cambiando las relaciones humanas, se van focalizando los problemas. La necesidad de jerarquizar las tareas va haciendo que muchas se vayan hacia atrás. La posibilidad de hablar con la gente se minimiza, es decir, el tiempo no alcanza para muchas cosas. Y, finalmente, se va produciendo cierto efecto de aislamiento que hay que romper a cualquier costo…

Quizá porque con frecuencia se olvida que desde 1988 ninguna sucesión presidencial se ha resuelto al gusto de quien ocupa Los Pinos, Calderón tiene en este quinto año un motivo más para atraer reflectores: se observa el menor de sus movimientos, se calibra la más casual de sus expresiones para tratar de adivinar a cuál de los aspirantes apoya.

En la entrevista de ayer por la mañana en Los Pinos, le pregunto al mandatario por Ernesto Cordero, el hombre al que supuestamente pastorea para convertirlo en su sucesor.

Calderón es pródigo en elogios para su secretario de Hacienda, un funcionario que, dice, siempre “se avienta” para detener los balones que chutan hacia su portería y no espera que la mano presidencial se extienda para desviar el disparo, como ocurre “en muchas ocasiones”.

Dicho eso, el Presidente asegura que su propia “trayectoria de lucha democrática acreditada” le impedirá tomar partido en la elección interna de la que saldrá el candidato del PAN en 2012. Y dice que no hará lo que Vicente Fox (a quien Calderón no menciona por su nombre), quien hace seis años “aupó” a un “candidato oficial” y hoy pide juego limpio en el PAN. “Bueno, así suele ser la memoria política”, dispara con sorna.

Armado de nuevos bríos, por la respuesta favorable que ha hallado en la opinión pública luego de su encuentro con Javier Sicilia  y otras víctimas del crimen organizado, Calderón sostiene que la reunión del jueves pasado en el Castillo de Chapultepec debe dar lugar a nuevas actitudes por parte de todos frente a la crisis de seguridad que vive el país. Al mismo tiempo, resuelto en dar continuidad a este diálogo y generar un declive en la violencia, dice que entiende a quienes temen que aquel hito en la historia moderna del país no pase a mayores.

A pregunta expresa, el Presidente explica las razones por las que optó por la estrategia contra la delincuencia que hoy tanto se le cuestiona. Y, al hacerlo, aporta datos de los que no había hablado antes en público y niega categóricamente que el haber recurrido a las Fuerzas Armadas a principios de su sexenio haya tenido que ver con un deseo de legitimarse a los ojos de quienes creen que llegó a Los Pinos mediante el fraude.

 El siguiente es el texto de la entrevista: 

—El peso sobre los hombros que implica el cargo de Presidente de la República, ¿se lleva de manera personal?

—El cargo es personal, y eso lo hace mucho más pesado probablemente. Yo no sé si el tener una imagen tan fuerte del Presidente de la República, construida a través de tantas décadas, o siglos quizá, de poder unipersonal, hace que todos los problemas se imputen al Presidente, y todas las soluciones se esperen de él también.

“Concretamente, el caso de seguridad es una buena descripción de ello. A final de cuentas, la seguridad es una responsabilidad constitucional que compete a los tres órdenes de gobierno. Es más, yo diría que en la lógica del gobierno y la administración pública, la autoridad más cercana es la municipal y es la que debiera hacer las tareas propias de la seguridad pública, así ocurre en buena parte del mundo más desarrollado. Aquí el problema se imputa centralmente y todas las soluciones se esperan también desde el centro, es decir, del Presidente.”

—¿Y eso le ha hecho decir a usted que hay una visión injusta, limitada, lamentable, sesgada..?

—Estoy totalmente consciente de la realidad. Y me parece que hay que asumirla como tal, aunque yo abogaría personalmente porque en México alguna vez tuviéramos un sentido mucho mayor de responsabilidad colectiva, de responsabilidad pública de todos, y sentido no sólo de pertenencia sino de responsabilidad compartida.

“Recuerdo mucho una expresión que le escuché a Diego Fernández de Cevallos hace mucho tiempo. Él decía que en México a todos nos educan y todos los discursos son para formarnos como derechohabientes. Es decir, todos tenemos derecho a todo, pero muy pocas veces hemos oído hablar de nuestros deberes. Y también tenemos deberes que cumplir, ¿no? Pero hay una lógica cultural, política, qué sé yo, de que se tiene derecho a todo, y la responsabilidad generalmente no es un tema muy abordado.”

—¿Hay algo en el andamiaje institucional que podría cambiarse para revertir esa visión, o es un tema meramente cultural?

—No lo sé. Probablemente tenemos que encontrar la manera en que los ciudadanos determinen cada vez más las cosas públicas a través de sus decisiones. Y para ello tienen todo el sentido las propuestas de reforma política. La reelección de legisladores y alcaldes, por ejemplo, haría que el ciudadano tomara el control de la carrera política de un representante público, y en ese caso hubiera cierta interacción que despierte esa responsabilidad.

—Usted ha hablado mucho del pasado, en el que usted participó en la lucha política y enfrentó el fraude muchas veces. Cuando asumió el cargo, y había un 30%, un 20% o un 10% de mexicanos que pensaban que usted había llegado ahí mediante el fraude, ¿qué sintió?

—Desde luego, en ese punto, tristeza. Había costado tanto, tanto trabajo construir la vida democrática en México, una buena parte de mi vida la pasé en ello, y sentí una injusticia en ese reproche.

“El que la elección hubiera sido tan competida, no quita el hecho demostrable de que fue una elección finalmente limpia. Fue dura la campaña, por supuesto, con argumentos muy fuertes a favor y en contra. Fue una contienda feroz, con mucha agresividad y odio por parte de mis adversarios. Pero, a final de cuentas, gané limpiamente.

“Todas las cosas que se dijeron de la campaña: que se había alterado cibernéticamente el padrón, lo cual era una verdadera fantasía, que nunca se probó y, al contrario, se demostró que era falso; luego, que el fraude hormiga; luego que el fraude descomunal… Todas las cosas que se dijeron resultaron falsas. Incluso el propio recuento que se hizo, fundado en la ley, en la que se revisaron más de 10 mil casillas, algo inédito en México.

“Todo eso constituía elementos muy sólidos que finalmente fueron considerados por las autoridades competentes. Y el reproche, evidentemente, a la luz de esa trayectoria de lucha democrática acreditable, pues sí era un motivo de tristeza, francamente.”  

—Se lo pregunto porque existe la percepción pública de que usted sintió un afán de legitimarse en el cargo y que la forma en que decidió enfrentar al crimen organizado tuvo que ver con ese afán…

—Eso es totalmente falso. En primer lugar, la legitimidad proviene del apego a la ley y a la justicia, y ese tema había quedado resuelto en la resolución del Tribunal. Segundo, en la manera en que condujimos la transición, nunca respondimos a la violencia, siempre mantuvimos una disposición al diálogo y la apertura.

“Me parece que la irracionalidad, la agresión a los ciudadanos, el plantón en Reforma, etcétera, pusieron las cosas en su lugar. Y la misma toma de posesión, el hecho de haber decidido ir a la sede del Congreso de la Unión, a pesar de los pesares y frente a todos los consejos que recibí de tirios y troyanos, eso finalmente consolidó un arranque de Presidencia muy, muy sólido. Incluso es demostrable en las propias encuestas de opinión pública. Es decir, no había ninguna necesidad de hacer una cosa ulterior.

“No: el tema de la seguridad se volvió una prioridad a la luz de la realidad, que se descubre en la propia Presidencia y un poco antes…”

—¿Cuál era el diagnóstico que tenía, cuáles eran los datos que le hicieron tomar la decisión que tomó?

—Primero, el diagnóstico fue muy vago. Honestamente yo veía cosas, las oía, como cualquier ciudadano, como si hubiera un ruido sordo y lejano. Como diputado, como servidor público, de repente oía algún caso de secuestro muy dramático, los secuestros de los noventa cuando empezaron las primeras marchas, en las que participé. Fue un proceso paulatino.

“Yo fui ya como aspirante (presidencial) a la campaña electoral en Tamaulipas en 2004. Y recuerdo perfectamente que cuando llegué a Miguel Alemán, la gente estaba terriblemente asustada. Me empezó a hablar de Los Zetas, un término que yo no había escuchado y me decía algo que yo consideré que era una exageración y prácticamente un delirio de persecución: que estaban en las esquinas del pueblo, que nos estaban viendo y que estaban reportando todos los movimientos. Bueno, y tranquilicé a la gente y le dije que íbamos a ver qué hacíamos.

“Yo no era nada en ese momento, pero empecé a ver y, efectivamente, estaban los que luego supe que eran los halcones. Y eran los que tenían el control de todos los movimientos del pueblo.

“Luego terminó la campaña y fui al cierre del entonces candidato del PAN, Gustavo Cárdenas. En la plaza de Ciudad Victoria dije que si no había una acción decidida, a través de una autoridad verdaderamente comprometida con la libertad de los ciudadanos y con la ley, el próximo gobierno de Tamaulipas no sería del PRI sino de Los Zetas.

“Eso lo dije en 2004. Similar cosa dije en el cierre de campaña de Heriberto Félix, en Sinaloa, con la misma metáfora: si no había una acción decidida de la sociedad, por darse autoridades comprometidas con la ley y la justicia, libres del dominio del crimen, que incluso el próximo procurador podría ser El Mayo Zambada. Lo dije con cierta ironía, si se quiere, pero ahí empecé a ver la dimensión del problema.”

—Es decir, usted ya venía con esa idea…

—Pero no tan profunda. Lo que determina la acción fueron mis conversaciones con Lázaro Cárdenas, entonces gobernador de Michoacán. Él es la primera persona que me describe la dimensión del problema en nuestro estado. Yo había oído algunas cosas, por ejemplo, algo lo mencioné en el diálogo con Javier Sicilia…

—Lo de sus amigos…

—Sí, por ejemplo, el mejor amigo de mi vida, David Servín, compañero mío en primaria, secundaria y prepa, que murió por cierto el año pasado de cáncer y a quien extraño mucho, tenía un hermano menor, muy simpático, bien parecido. Y un día lo levantaron. Y hablaron y dijeron que debía tanto dinero y si no lo entregaban, lo iban a matar. Nunca se volvió a saber de Gerardo. Yo traté de pedir ayuda entonces a la AFI, a la Procuraduría del estado…

—¿Ya era usted Presidente?

—No, era secretario de Energía. Eso fue en 2004. Lo de Lázaro Cárdenas fue en 2006. Ya para entonces había pasado la muerte de un secretario de Seguridad Pública en Nuevo Laredo dos horas después de que lo nombraron. Ya ahora me he enterado que a uno de los capos de Los Zetas no le gustó su nombramiento y lo mandó matar. Ya habían pasado también los enfrentamientos en Nuevo Laredo por la disputa de la plaza; los primeros operativos que envió Vicente Fox, uno a Tijuana, otro a Nuevo Laredo; los decapitados de la presidencia municipal de Acapulco; las cabezas tiradas en un table dance de Uruapan… todo eso había pasado.

“Y Lázaro me describe la forma en que la ahora Familia Michoacana, entonces asociada a Los Zetas, se había apoderado de amplias regiones del estado, y que requería urgentemente la ayuda del gobierno federal, que le había pedido insistentemente al presidente Vicente Fox y que, por una u otra razón, simplemente se la había negado, que no había condiciones, que era un año electoral, etcétera, etcétera.

“Yo estoy platicando una de esas veces con Lázaro Cárdenas y, en ese preciso momento, se da un motín en un penal de Michoacán. Los criminales de La Familia, que tenían de rehenes a sus propios abogados defensores, que eran unos pasantes de derecho, jóvenes estudiantes, los matan. Entonces ahí asumo el compromiso con Lázaro de apoyarlo y preparar un operativo con las Fuerzas Armadas y la entonces Policía Federal Preventiva para respaldar a las autoridades.

“Así empieza la historia, y en la medida en que vamos avanzando se va develando el descomunal deterioro de las instituciones públicas…”

—¿Se va descubriendo en la medida en que van entrando los militares en Michoacán?

—Sabíamos que el problema existía, pero la dimensión del problema era simple y sencillamente difícil de predecir.

—Cuando se reunió, me imagino, con los mandos de Defensa y Marina, ¿cuál fue la instrucción que les dio y cuál fue la estrategia que le plantearon respecto de qué hacer en Michoacán?

—Lo analizamos en el gabinete de seguridad. Teníamos los informes de la zona militar de Michoacán, que eran, yo creo, los más precisos, era la labor de inteligencia mejor hecha entonces: los liderazgos, las zonas de influencia, los segundos mandos, los lugartenientes, el modus operandi. La conclusión era que había que mandar un operativo tal que fuera disuasivo y tomara verdaderamente el control de las cosas, porque un operativo con una presencia leve simplemente no habría hecho nada.

“Entonces, se planteó un operativo masivo en Michoacán que resultó exitoso. Además, en los primeros meses, pasa el operativo y se recomponen las cosas. Y ahí viene, yo creo, una primera lección importante: no basta el operativo, sino que se requiere rápidamente reconstruir las policías locales, porque la inhibición de la acción de los criminales dura el tiempo que dura la presencia de las fuerzas federales, que no puede ser permanente.

“Entonces, se requiere, yo creo, tiempo para reconstruir las instituciones de seguridad pública y de procuración de justicia locales, cosa que desgraciadamente no se hizo en muchos operativos…”

—¿Sería una de las cosas que habría hecho distinto?

—Una de las cosas, por supuesto, pero sí. Actuar más, en el marco de la ley, y presionar más para acelerar la renovación de los cuerpos policiacos, su fortalecimiento que es algo que se dio, primero, en el Acuerdo por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, en 2008, y luego con la Ley de Seguridad Pública, en 2010.

“Y ahora, tú sabes, parte importante del esfuerzo político que hacemos es para persuadir a los estados de que tomen cuanto antes acciones claras para depurar sus cuerpos policiacos, para fortalecerlos, para crear sus centros de control de confianza, para tener mandos confiables, para pasar por el control de confianza a los mandos, para tener un proceso agudo de capacitación, etcétera”.

—¿Diría usted que, ante el éxito en Michoacán de este tipo de operativos, se repitió mecánicamente en otros lados y, a lo mejor, no era la forma de hacerlo?

—No. Simplemente, en la medida en que fuimos viendo las pistas del crimen, en ese caso las pistas de los criminales llegaban claramente a Tamaulipas, hasta Reynosa, porque había una alianza entre La Familia y Los Zetas. De hecho, Los Zetas dominaban, y La Familia se independiza tiempo después. De hecho, algunos de los líderes de La Familia huyen a Reynosa y se arma otro operativo, muy fuerte, en esa ciudad.

“Luego vienen más estados con problemas de violencia y que piden la presencia de las fuerzas federales. Esa fue la regla. Este proceso de imitación, digamos, es un proceso a través del cual muchos gobernadores tienen un problema de seguridad y solicitan urgentemente un operativo para su estado. Y así surgió, en parte, el operativo para Tamaulipas, así surgió el operativo de Baja California, que yo creo que ha sido el que mejor ha salido, y así surgió el operativo de Sinaloa.

“Entonces, cuando se vuelve muy vistoso el operativo de Michoacán, muchos gobernadores tienen problemas y solicitan el apoyo federal. Así surgió también el operativo de Chihuahua.”

—Usted advirtió en su momento que ésta sería una lucha larga, dura y que habría muchos muertos. ¿Se imaginó que la cifra sería de estas dimensiones?

—Era muy difícil de imaginar eso. Igual que pensar cuántos muertos habría de no haber actuado. Eso también es muy difícil de imaginar porque, en honor a la verdad, la mayor causa de muertes violentas está surgiendo en el choque de las organizaciones y ese choque se estaba produciendo ya en algunas partes y se iba a producir en otras tarde o temprano.

“¿Qué es lo que causa la división entre Los Zetas y La Familia? ¿O entre el Golfo y Los Zetas? ¿O entre el Pacífico y el Golfo? ¿O entre el cártel de Juárez y el de El Chapo? ¿Qué es lo que causa eso? Pues que ellos disputan territorios.

“No dudo que haya una influencia muy clara de la acción del gobierno, pero es un factor independiente a la acción del gobierno. Es decir, las organizaciones criminales, en su nueva modalidad de narcomenudeo, lo que buscan es control territorial. Y cuando esas manchas de crimen chocan y se disputan una plaza, viene una violencia terrible y brutal en su expresión, porque no sólo asesinan, sino decapitan y torturan para mostrarle a sus adversarios su agresividad. Es como si marcaran su territorio.

“Entonces, esa violencia se estaba presentando ya, empezó hace muchos años, como demuestran el caso Nuevo Laredo o Acapulco, con aquellas cabezas dejadas en la presidencia municipal, todos esos eran factores que indicaban el crecimiento de esta podredumbre entre las bandas criminales en la disputa territorial.”

—Hay mucha gente que cree que hubo un punto de quiebre la semana pasada con el diálogo en el Castillo de Chapultepec, pero también se advierte que si no hay continuidad, podría terminar en un buen esfuerzo pero sin resultados. ¿Usted entiende ese escepticismo de la gente?

—Totalmente. Con toda razón. Pero me parece que el testimonio de las víctimas ha sido tan poderoso que tiene que hacernos cambiar a todos. Una de las cosas que tienen que cambiar es la atención a las víctimas.

“Efectivamente, cada persona que muere es un ser humano, independiente de si haya sido una víctima inocente, que son las que más duelen, o si fue reclutado por una banda criminal u otra. Finalmente, es gente que muere y cada una de ellas merece que su caso sea expresado, revelado, con conciencia del entorno familiar.

“Yo creo que ese esfuerzo por darles el espacio a las víctimas es medular, particularmente cuando mueren inocentes, cuando caen en un tiroteo, sea entre criminales o de éstos con la autoridad; o la gente que es secuestrada, simplemente porque a un cártel se le ocurrió que por ser ese grupo muchachos de Michoacán, sencillamente eran el enemigo. Todo eso duele y tiene que ser una de las cosas que deben cambiar a partir de ese diálogo. Hay muchas otras, desde luego.”

—Queda año y medio de gobierno. ¿Qué quisiera usted lograr?

—Hay muchas cosas que lograr. Primero, quiero lograr la cobertura universal de salud, que es una de las metas sociales más importantes para México que vamos a legar a las futuras generaciones. Quiero seguir ampliando la cobertura escolar para los jóvenes, sobre todo en educación media superior y superior. Quiero completar la infraestructura más grande que se haya hecho en México, no sólo hospitalaria, que ya es la más grande, sino de puertos, aeropuertos, carreteras, etcétera. Quiero poder superar la enorme presión que sobre los más pobres genera la subida de los precios de los alimentos en todo el mundo. Quiero que todas las casas en México tengan piso de concreto. Quiero llevar a la cobertura de los servicios básicos a más de 90% de la población.

“Quiero también ver que empiece a disminuir la violencia en México, como ocurrió finalmente en Colombia y en otros países que pasaron por olas similares, y creo que eso lo vamos a poder lograr. Quiero capturar, desde luego, a los líderes más importantes de las organizaciones criminales. Sé que eso no es suficiente, pero sí es muy importante. Y quiero también que, al término de mi mandato haya 32 cuerpos policiacos renovados y confiables, uno por cada entidad federativa.”

—¿Y las reformas, Presidente? ¿Con el actual clima político, con los tiempos electorales, con los periodos de sesiones que restan en el Congreso, podríamos pensar en alguna reforma estructural?

—Yo estimo que sí, porque independientemente del ámbito electoral, creo que va creciendo la conciencia de lo importantes que son para México esas reformas. La laboral estuvo a punto, es una reforma que prácticamente tenía un consenso explícito de los partidos más relevantes, y se paró. Yo espero que continúe. La reforma política ya tuvo un consenso en el Senado. La reforma contra el lavado de dinero, también. En fin, hay muchas cosas que son importantes y se pueden lograr.

—¿Las frena la ambición política?

—Se ha dicho eso. Creo que influyen las variables de la circunstancia electoral que vivimos, sí. Pero no hay que cejar en el empeño de sacudir, a través de la opinión pública, de los ciudadanos y la problemática que vive México, esas reformas.

—Hubo una reforma electoral en 2007. Una de las cosas que se intentó fue compactar las campañas y que nadie saliera anticipadamente. ¿No hay cierta esquizofrenia en lo que vemos ahora?

—La verdad es que es absurdo, en un país que ha peleado tanto por la libertad política, tener una legislación totalmente restrictiva de las expresiones. Me parece que hay que saber interpretar correctamente la ley y ponderar lo que es una natural expresión política en un país libre, de lo que son propiamente campañas electorales.

“A mí me parece que el impedir que se diga lo que se cree y lo que se propone no es lo más democrático y no creo que sea una correcta interpretación de la ley. A mí me parece que en materia de promoción política, pues ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

“Yo creo que debemos dar paso a la sensatez en México. Hemos llegado a extremos verdaderamente absurdos. Por ejemplo, soy el primer Presidente en México que no tiene la posibilidad, salvo en torno del informe presidencial, de tener un solo spot ni una sola publicidad ni una sola imagen ni siquiera la voz ni el nombre, en publicidad pagada, mientras mis propios adversarios tienen la posibilidad de hacerlo, y con dinero del gobierno. Algo está mal ahí.”

—He hablado con varios de los panistas que aspiran a sucederlo y me dicen que usted debería ser el primer interesado en no promover a un candidato oficial, porque usted tuvo que sobreponerse a uno. ¿Qué piensa?

—Pues sí. Estoy totalmente de acuerdo. Yo tengo una convicción plenamente democrática, y así deben ser. Pero eso no excluye que yo tenga también mi opinión sobre los precandidatos y mi afecto por muchos de ellos. Muchos han sido colaboradores cercanos y son amigos míos. Y la verdad es que lo puedo decir de prácticamente todos.

—¿Afectos, y desafectos en algunos casos?

—Afectos… Francamente no tengo desafecto por ninguno de los que aspiran. Mira, por mencionar nombres propios: Santiago (Creel). Creo que la competencia que tuvimos ya es cosa del pasado. Sí creo que a él le afectó esa condición de candidato oficial.

“No deja de ser paradójico que quien lo aupó y lo impulsó en ese carácter, pues es muy aleccionador que ahora diga que no debe haber candidaturas oficiales. Pero, bueno, así suele ser la memoria política.

“De lo que estoy convencido es que el PAN puede tener un proceso competido, como en ningún otro partido. Va a ser un proceso competido, un proceso democrático, de votos que cuentan y se cuentan, como creo que no ocurrirá en ningún otro partido.

“Ese proceso democrático le va a dar visibilidad a las propuestas e ideas de todos los precandidatos del PAN, independientemente de lo que diga el Presidente, y eso es lo democrático. Y que el que gane va a crecer con una plataforma política que es la que hace falta para estar en condiciones de ganar. Fue lo que me pasó a mí. Yo, antes del proceso electoral interno del PAN no era absolutamente nadie en términos políticos. La competencia dentro del PAN y el resultado me permitieron estar, después de ir 40 puntos debajo de López Obrador, tres o cuatro puntos debajo de él en diciembre. Así que creo que eso va a pasar.”

—¿No le preocupa quedarse con cuatro o hasta cinco secretarios menos, si tomamos en cuenta que el doctor Córdova aspira a Guanajuato?

—Sí es un problema, pero de las facultades constitucionales del Presidente de la República, la más importante es nombrar y remover libremente a sus secretarios. Es como en un partido de futbol: hacer todos los cambios que necesites. Si se lesiona un jugador, o si vas ganando y tienes que poner más defensas, o si, al contrario, vas perdiendo y tienes que poner más atacantes, hacer cambios de manera tal que te permitan que el gobierno pueda renovarse constantemente.

—¿Usted va a dejar que ellos renuncien o se los va a sugerir?

—Voy a hablar con ellos… He hablado con todos ellos, y creo que lo importante es ordenar el proceso. En eso, más que el Presidente tiene que ver el propio partido. Pero de mis colaboradores tengo que asumir una responsabilidad y ver cómo podemos conducir esto sin que descuiden su función. Porque va a llegar un momento en que, por una parte, su carácter de secretarios los va a ser muy vulnerables ante quienes los critican o los atacan, y, por otra parte, lo que a mí me interesa más es que no se descuide la labor en la que están trabajando.

“Me parece que la carta más importante para ellos no es qué tan amigo o conocido del Presidente son, que todos lo son, sino qué tanto destacan en su trabajo.”

—Ernesto Cordero es aspirante a la Presidencia, pero también es el secretario de Hacienda. ¿Ha platicado con él sobre las expresiones que ha tenido, como la de los seis mil pesos, que tanta discusión han suscitado?

—No, no he platicado con él… Bueno, sí, sobre algunas cosas. Me parece que hay una tarea que cada secretario tiene que cumplir, que es poner en el balance no sólo todas las cosas malas que todo mundo conoce y critica todos los días, sino también las cosas positivas.

“Y creo también que la propia dinámica política, y por eso es bueno este ejercicio de exposición pública e interlocución con la sociedad, tiene que ir ajustando las tonalidades y las sensibilidades.

“Es decir, ¿es cierto o es falso que el salario real ha crecido en México? ¡Es cierto! Contra un deterioro de 60% del salario mínimo durante los años ochenta y los noventa, en la primera década del siglo el salario mínimo por primera vez ha recuperado poder adquisitivo. Poquitito, si quieres. O, digámoslo de otra manera, es la primera vez que el salario mínimo no pierde. Es la primera vez que los salarios medios comienzan a recuperarse. Es la primera vez que los salarios promedios registrados ante el Seguro Social son mayores.

“¿Qué el salario mínimo es insuficiente? ¡Por supuesto que sí! La gente está sufriendo los efectos de una crisis económica que fue brutal. La más terrible de que se tenga registro, también es cierto. Entonces, el hecho mismo debe ponerse en un contexto y eso debe hacerse por parte de todos.

“Pero, por otra parte, yo francamente aprecio a secretarios que en lugar de ver los toros desde la barrera y ver cómo están golpeando inmisericordemente al gobierno, por lo menos tienen el valor de salir y poner argumentos en la discusión. ¿Es muy insensible decir que el salario mínimo se ha recuperado? A lo mejor sí, porque hay mucha gente que no lo ve, no lo siente, porque es muy pequeño, porque es nimio. Pero qué importante es que se sepa que en este país el salario mínimo cayó 60% en dos décadas. Qué importante es que se sepa que en una crisis, la de 95, se mandó a la calle al 10% de los trabajadores. Y que siendo peor la crisis que acabamos de pasar, perdimos el 2%. Qué importante es ver que hoy las familias efectivamente tienen lo que, según dice el Censo, no tenían antes. Hoy tienen electricidad, electrodomésticos, piso firme y agua que no tenían. Entonces, es importante que se planteen estos argumentos.

“Evidentemente que todos tienen mucho qué pulir y perfilar, y creo que eso precisamente lo va a permitir el ejercicio político en el que todos los secretarios debieran estar inmersos.

“No hay cosa peor que un secretario o una secretaria que no se arriesga y ve pasar los tiros, y aunque sean hacia su portería no se aviente a pararlos. Y luego yo tengo que andarlos parando todos.”

—¿Y eso pasa?

—La verdad, sí, en muchas ocasiones.

—La decisión de que el secretario Cordero pronunciara el discurso ante los delegados federales se han interpretado como una señal sucesoria de su parte. ¿Usted cómo la describiría?

—Pues sí, lamentablemente fue así, pero eso tiene una lógica. Una de las tareas que se da a los delegados es esa. Primero, que hagan bien sus programas de gobierno y, segundo, que los defiendan.

“Dentro del gabinete, porque ha tenido varias tareas, como subsecretario de Presupuesto, como secretario de Desarrollo Social y como secretario de Hacienda, y quien defiende las tareas a la hora de discutir el presupuesto, alguien que conoce los programas es Ernesto Cordero.

“Por eso consideré adecuado que tenía que hacerse un planteamiento de los principales problemas del gobierno y que lo hiciera la persona del gabinete que los conoce. Además, el diseño de varios programas fue hecho desde la transición, cuando él era el eje de la propuesta de gobierno, desde la propia campaña. Entonces es una cosa lógica.

“Para mí una cosa es muy importante: la política pública. Una de las cosas que más me han fascinado en mi formación académica y en la administración pública es que la creación y puesta en práctica de políticas públicas es clave para el debate político y para el gobierno.

“Entonces, lo lógico fue que alguien que por su perfil y su puesto está más familiarizado con políticas públicas que hay que defender, las explicara y las resumiera. ¿Qué otro secretario del gabinete hubiera podido ser? El secretario de Gobernación, quien también habló, se olvida ese detalle. Hablaron los dos. Son los secretarios que en ese momento son relevantes en materia de política pública interna.”

—Usted me dijo en febrero de 2009 que era legítimo que usted aspirara a que el PAN ganara la mayoría en la Cámara de Diputados. ¿A qué aspiraría en 2012?

—Respondería igual que en 2009. Es legítimo que el PAN aspire a ganar nuevamente la Presidencia de la República. Es lo que yo puedo contestar. Como Presidente, yo aspiro a que la elección de 2012 sea democrática y limpia y que la decida el ciudadano.

“Y creo que como miembro de un partido político también es legítimo que ese partido gane las elecciones. A final de cuentas, es lo que busca cualquier partido político. No sólo tiene derecho, es el deber de cualquier partido político hacerlo. Lo que debemos evitar en México es que después de tantos años de luchar contra la censura y de lograr la libertad, nosotros no podamos hablar con libertad de lo que pensamos.”
 

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