Dollar
Compra   $ 18.50
Venta   $ 19.2
Director: Manuel Cabrera, Gerente: Laura Carmona. Hoy es Lunes 22 de Enero del 2018 Ciudad Juárez, Chih. MX  
 Buscar 
 
 
La violencia: ¿qué pasó? Héctor Aguilar Camín La violencia: ¿qué pasó? Héctor Aguilar Camín
“O ya no entendemos lo que está pasando o ya pasó lo que estábamos entendiendo”.

Esta es una frase que solía decir Carlos Monsiváis para declarar su incomprensión ante las novedades de la vida pública, él, que tenía el mejor de los olfatos para registrar los cambios del humor social y reflejarlos en sus crónicas.


La idiotez en las campañas Carlos Marín La idiotez en las campañas Carlos Marín
Así como el humor (casi siempre involuntario) le pone chispa a las campañas, los desatinos refulgen también y su destello se antoja proporcional al tamaño de la pendejez que sus autores cometen.

En política, tanto los chistoretes como los desaciertos requieren una dosis de maldad, como la que recicla en su provecho Ricardo Anaya

La sospechosa liberación del líder "matazetas" Carlos Puig La sospechosa liberación del líder "matazetas" Carlos Puig
El 9 de marzo de 2012 el Ejército mexicano detuvo en Zapopan, Jalisco, a Érick Valencia Salazar, alias El 85, entonces líder del cártel de Jalisco Nueva Generación.

Valencia Salazar tiene larga historia en actividades delincuenciales.

Frentes Políticos I. Espejo respondón Frentes Políticos I. Espejo respondón
Valiente joven es el que se muestra en la campaña proselitista de Por México al Frente. Lo mismo reta al gobierno federal mexicano, descalificándolo, o a Donald Trump, presidente de EU, advirtiéndole que “México no pagará ni un peso de muro”, si él gana las elecciones.

Pepe Grillo Los pasos de Corral Pepe Grillo Los pasos de Corral
Hoy arranca en Ciudad Juárez, Chihuahua, la marcha promovida por Javier Corral para dirimir su conflicto hacendario con el gobierno federal.

El plan es que llegue a la Ciudad de México el día 4 de febrero.

Ráfagas -Que Peña entregue a Duarte Ráfagas -Que Peña entregue a Duarte
MILLONES.- A lo mejor le costó 700 millones de pesos que le regateó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, pero el gobernador Javier Corral -como dirían sus excompañeros senadores- acorraló al PRI y a Los Pinos con la exigencia de la extradición de César Duarte, que seguramente se pretendía dejar fuera de la agenda política de este año.


El Diario Emilio Gamboa y el zafarrancho en Juárez  El Diario  Emilio Gamboa y el zafarrancho en Juárez
Merecen crédito el aplomo y la perseverancia del duartismo. No ha sido doblado este grupo ni por el exgobernador en fuga ni por decena y media de sus exfuncionarios y amigos encarcelados, varios de ellos ya sentenciados. Han cobrado plena vigencia con Adriana Terrazas Porras como candidata del PRI a la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez.


Un rinconcito Hoy de Cristo para ti:Dios te cuida y te protege Un rinconcito Hoy de Cristo para ti:Dios te cuida y te protege
“Dios te cuida y te protege; Dios está siempre a tu lado”.

Salmos 121:5 (Traducción en lenguaje actual)

Pensar en el cuido de Dios y en su protección me hace sentir una paz increíble, leer en su Palabra que Él personalmente nos cuida y nos protege y sobre todo que esta siempre a nuestro lado, me conforta.








Universidad y Cultura / « Llegaron las aguas por Mario Vargas Llosa»
    Fecha: 02 de Abril del 2017 | Reportero(a) Manuel Cabrera

    Imprimir Enviar a un Amigo

*PIEDRA DE TOQUE
Llegaron las aguas por Mario Vargas Llosa
Llegaron las aguas por Mario Vargas Llosa

 

El fenómeno del Niño ha causado verdaderos diluvios en Perú. No recuerdo un sobresalto tan generoso y tan unánime de la sociedad ante una tragedia nacional

 

Mi venida al Perú ha coincidido con una de las peores catástrofes naturales que haya sufrido en toda su historia. Desde hace tiempo, en el verano, el fenómeno del Niño acrecienta las lluvias y hay a veces inundaciones y huaycos (aludes y riadas) que provocan daños materiales y humanos, sobre todo a lo largo del litoral norte del país. Pero este año, el calentamiento de las aguas del Pacífico y su consiguiente evaporación al chocar contra la Cordillera de los Andes han causado verdaderos diluvios que desde hace dos semanas destrozan caminos, casas, desaparecen aldeas, inundan ciudades y provocan tragedias por doquier.

Las frías estadísticas —cerca de un centenar de muertos, más de 100.000 damnificados, puentes y carreteras destruidos, daños que bajarán por lo menos un punto el producto interior bruto de este año— no dan cuenta del sufrimiento de millares de familias, que, sobre todo en Piura, Lambayeque, Ancash, Apurímac y La Libertad, pero con repercusiones en todo el territorio nacional, han visto desmoronarse sus vidas en tragedias sin cuento, perdiendo seres queridos, medios de sustento y descubriendo que su futuro era devorado de la noche a la mañana por la incertidumbre y la ruina.

Las últimas imágenes que he visto de Piura en la televisión cuando me sentaba a escribir este artículo me han dejado horrorizado, las aguas del río han ocupado todo el centro de la ciudad y en la plaza de Armas, junto a la catedral, y en la avenida Grau la gente avanzaba con el agua hasta la cintura y, en trechos, hasta los hombros, en un inmenso lago fangoso en el que flotaban animales, enseres domésticos, ropas, muebles, arrebatados por las trombas de agua del interior de las casas y edificios anegados. El colegio San Miguel, donde terminé mis estudios secundarios, antigua y noble casona republicana que era ya una ruina con ratas y que iba a ser convertida en un centro cultural —promesa que la incuria de las autoridades incumplió— pasó ya del todo, por lo visto, a mejor vida. Produce vértigo imaginar a las criaturas y a los ancianos arrastrados por los aniegos y torrenteras armadas de barro, piedras y árboles decapitados.

Cuando fui a vivir a Piura por primera vez, en 1946, la ciudad y sus contornos se morían de sed

Cuando yo fui a vivir a Piura por primera vez, en 1946, la ciudad y sus contornos, rodeados de arenales desiertos, se morían de sed. El río Piura era de avenida y las aguas sólo llegaban en el verano, cuando se deshelaba la cordillera y, convertida en cascadas y arroyos, bajaba a traer la vida a las calcinadas tierras de la costa. La llegada de las aguas a Piura era una fiesta con fuegos artificiales, bandas de música, valses y tonderos, y hasta el obispo metía sus pies en el agua para bendecir a las aguas bienhechoras. Los chiquillos más valientes se arrojaban al flamante río Piura desde lo más alto del Puente Viejo. Sesenta y cinco años después, las mismas aguan que traían ilusiones y prosperidad, acarrean la muerte y la devastación a una de las regiones peruanas que se había modernizado y crecido más en los últimos tiempos.

Curiosamente, esta tragedia parece haber tocado una fibra íntima en la sociedad en general, pues el pueblo entero del Perú da la impresión de haberse volcado en un movimiento de solidaridad y compasión hacia las víctimas. Una movilización extraordinaria ha tenido lugar, de gente de toda condición, que, deponiendo prejuicios, rivalidades políticas o religiosas, presta la ayuda que puede, llevando frazadas y colchones, haciendo colectas, armando tiendas de campaña en las zonas de emergencia, o poniendo en marcha las cocinas populares. Hay que decir que, a la vanguardia de este movimiento, está el Gobierno entero, empezando por el presidente de la República y sus ministros, a quienes se ha visto repartidos por todos los lugares más afectados, dirigiendo las operaciones de salvamento junto a las brigadas de militares y de voluntarios civiles. Y yo mismo he visto a mis dos nietas más pequeñas, Isabella y Anaís, preparando dulces y golosinas con sus compañeros de clase para venderlas y recabar fondos de ayuda a los damnificados. No recuerdo un sobresalto tan generoso y tan unánime de la sociedad peruana ante una tragedia nacional (y eso que, aunque con largos intervalos, nunca dejan de ocurrir).

Tal vez los peruanos estén diciéndole a la naturaleza ciega y cruel que no se dejarán abatir por lo ocurrido

Tal vez este hecho excepcional sea una respuesta inconsciente a la tremenda injusticia que significa la catástrofe del Niño Costero (así se le ha bautizado). Aunque todavía hay muchas cosas que andan mal en el país, la verdad es que, haciendo las sumas y las restas, desde que en el año 2000 cayó la última dictadura que padecimos, el Perú andaba bastante bien. La democracia funcionaba y, me parece, había un enorme consenso nacional a favor de mantener este sistema, perfeccionándolo y depurándolo, como el más adecuado —el único, en verdad— para progresar de veras, tanto en el campo económico, como en el social y cultural, creando cada vez mayores oportunidades para todos, desarrollando las clases medias, estimulando la inversión y respetando los derechos humanos, la libertad de expresión y la legalidad. Desde aquel año fronterizo hemos tenido cuatro Gobiernos nacidos de elecciones libres, y, aunque la corrupción haya envilecido la gestión de por lo menos dos de ellos, lo cierto es que el país ha progresado en estos 17 años más que en el medio siglo anterior. Nadie duda que la corrupción es un tóxico que amenaza la vida democrática. Pero la libertad es el instrumento primordial para combatirla de manera eficaz y erradicarla. Una prensa libre que la denuncie, una justicia independiente y gallarda que no tema enjuiciar y sancionar a los poderosos que delinquen. Una opinión pública que no tolere las picardías y las coimas. Todo eso ha estado ocurriendo en este Perú sobre el cual, de pronto, se desencadenaron los elementos para golpearlo con ferocidad. Tal vez los peruanos que han reaccionado de manera tan rápida, apoyando con tanto empeño a las víctimas, estén diciéndole de este modo a la naturaleza ciega y cruel que no se dejarán abatir por lo ocurrido, que lucharán para reconstruir aquello que ha sido derribado y, aprovechando la lección, tomar precauciones para que los huaycos del futuro sean menos depredadores.

Escribo este artículo en Arequipa, mi ciudad natal, donde he venido a hacer una nueva entrega de libros a la biblioteca que lleva mi nombre. Mientras lo escribía he tenido todo el tiempo en la memoria, junto con las imágenes de los piuranos con el agua hasta el cuello, entre los tamarindos de la plaza de Armas, a un personaje literario que siempre he admirado: Jean Valjean, el héroe de Los miserables. Las injusticias más monstruosas le cayeron encima; fue a la cárcel muchos años por haber robado un pan; Javert, un policía tenaz y despiadado, lo persiguió toda su vida, sin permitirle un solo día de paz. Pero él nunca se dejó abatir, ni vencer por la rabia, o por la desmoralización. Cada vez se levantó, enfrentándose a la adversidad con su limpia conciencia y su voluntad de supervivencia intacta, hasta aquel instante supremo de la muerte, con los candelabros en las manos de Monseñor Bienvenue, que se los había entregado diciéndole: “Te he ganado para el bien”. Hay momentos privilegiados en que los países pueden ser tan admirables como los grandes personajes literarios.

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2017.

© Mario Vargas Llosa, 2017.

http://elpais.com/elpais/2017/03/31/opinion/1490954797_466415.html

 

  » Escriba su comentario de esta nota
Su Nombre:
 
Su eMail:
 
Su Pagina Web:
 
Su Comentario:
 
Código
Verificador:

(Repita el código porfavor)
 
 


 
 
 



Todos los Derechos Reservados EnLaGrilla.com Patrimonio de la humanidad 2009

Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido de esta página sin necesidad del consentimiento del autor.


Desarrollado por BACKEND Diseños Web