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La Fiscalía y sus pruebas de fuego… El Heraldo de Chihuahua La Fiscalía y sus pruebas de fuego… El Heraldo de Chihuahua
LIBRE.- Mario Vázquez Robles, coordinador del grupo parlamentario del PAN, tendrá manos libres para atender y planchar de manera adecuada los asuntos que competen al Ejecutivo y al Legislativo.

El PRI, ¿nuevo Verde? Por Jorge Zepeda Patterson El PRI, ¿nuevo Verde? Por Jorge Zepeda Patterson
Desde 2015 cada elección se ha convertido para el PRI en una merma, en ocasiones catastrófica. Como el cuento de los perritos, el relato de los últimos años es el de una resta permanente. De las 17 entidades que gobernaba hace apenas un sexenio y las 12 con las que arrancó el periodo de López Obrador, apenas le quedan cuatro.

Se les cae el montaje contra mí Carlos Loret de Mola Se les cae el montaje contra mí Carlos Loret de Mola
Desde hace varios años, López Obrador, los periodistas que se dedican a lavarle la cara y algunos otros personajes de su entorno, han mentido sistemáticamente para culparme de algo que sucedió hace 16 años: el montaje que realizó la autoridad en la detención de Florence Cassez y su novio, Israel Vallarta, acusados de ser secuestradores.

Los hechos consumados de la Guardia Nacional Héctor Aguilar Camín Los hechos consumados de la Guardia Nacional Héctor Aguilar Camín
Hace tres años el gobierno decidió terminar con la Policía Federal y sustituirla con la Guardia Nacional.

El nuevo gobierno no encontró en la Policía Federal nada digno de ser recuperado. Estaba todo corrompido, se dijo, y había que empezar de nuevo.

Investidura deshilachada Carlos Marín Investidura deshilachada Carlos Marín
Si penoso fue a principios de agosto ver el tuit en pantalla panorámica y escuchar al Presidente de México leer un majadero montaje que se quiso endilgar al magistrado titular del Tribunal Electoral (cuando la marranada ya había sido evidenciada y desmentida), la proyección el viernes reciente de otro mensaje más vil aún y su lectura en labios de Andrés Manuel López Obrador supera cualquier expectativa de lo que el jefe de las instituciones nacionales es capaz de creer.

Frentes Políticos Excelsior Frentes Políticos Excelsior
1. Entrega y convicción. Durante los últimos tres años, y aún antes, la demanda de seguridad pública del país no se ha podido lograr para la tranquilidad ciudadana en la mayoría del territorio nacional, pues la ola delictiva crece imparable. De este drástico ambiente criminal, sólo se salvan una que otra capital estatal y la Ciudad de México. Y se debe, básicamente, a que Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, realiza una labor de maquinaria suiza en torno a la seguridad y mantiene a la CDMX lejos de las cifras alarmantes. En ningún otro trabajo se ve de manera tan rápida lo que haces en beneficio de la sociedad, ha dicho. Y en la capital no impunidad ni ineptitud ni complicidades. Sólo resultados.

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El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, está claramente luchando por su vida dentro de la administración federal. En menos de 24 horas buscó a dos reporteras que conoce por su cobertura de la pandemia del coronavirus para recortar sus pérdidas, quizá con el propósito de evitar su salida del gobierno.

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Su luz no fue puesta en un «rincón» ni «debajo de un almud», sino que fue puesta encima del candelero de la Cruz, para que toda la casa de este mundo pudiera verla.






Columna / « ¿Fin de sexenio? René Delgado Sobreaviso»
    Fecha: 11 de Julio del 2021 | Reportero(a) Manuel Cabrera

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*Abrir la sucesión es cerrar el sexenio en curso. El anuncio supone un epitafio, ese es el anverso y el reverso de esa decisión. ¿Esa es la idea al precipitar el juego sucesorio?
¿Fin de sexenio? René Delgado Sobreaviso
¿Fin de sexenio? René Delgado     Sobreaviso

 
 Qué más da. Si a fin de cuentas los sexenios no duran ya seis años, declarar el término del actual con más de tres años de anticipación no entraña novedad alguna.

 

Si el sexenio de Enrique Peña Nieto concluyó al primer bienio, el de Felipe Calderón ni siquiera empezó y el de Vicente Fox acabó el día de su elección, por qué éste habría de durar seis años. Después de todo, es un récord haberlo hecho durar dos años y medio con impresionantes índices de aceptación, popularidad, desconfianza y frustración, teniendo por escenario una dolorosa crisis sanitaria con un efecto devastador inconmensurable.

 

Como en ocasiones anteriores se podrá argumentar haber hecho lo que se pudo, aun cuando muy poco se haya podido. O, peor aún, se podrá echar mano del socorrido recurso de la clase política de vanagloriarse no por lo sucedido, sino por lo que se evitó que ocurriera. En esa lógica, nada extraño es invitar desde ahora a debatir el futuro y asomarse a él.

 

El futuro que en un país incapaz de superar el pasado y entender el presente, es simple y llanamente preguntarse quién sigue y entrarle al juego de la sucesión. Revivir la ilusión del anhelo sin sustento, aunque después y como tantas otras veces sobrevenga el desencanto bien fundado.

 

¿Fue eso lo que quiso anunciar el presidente López Obrador al abrir el juego sucesorio? ¿Lo hizo sin querer o adrede?

 

 

Sea o no una maniobra distractora, el afán presidencial de colocar la sucesión presidencial como nuevo centro del debate supone firmar un acta de rendición al mismo tiempo.

 

Aun cuando es difícil reconocerlo, la apertura del juego sucesorio –justamente por quien debería de postergarlo lo más posible– despide un tufo de agotamiento o renuncia. En el mejor de los casos, el aroma de quien ansía pasar a administrar acciones y obras emprendidas, pero ya no acometer más, así presuma estar resuelto a modificar el eje de rotación del planeta y enviar tres nuevas iniciativas de reforma constitucional.

 

El reiterado anuncio presidencial –14 de junio y 5 de julio– de la lista de posibles sucesores donde no están todos los que son, ni son todos lo que están, implica varios supuestos: en el reverso de la declaración se escribe el epitafio político de quien lo formula; el banderazo de salida en pos de la candidatura anima una competencia –por no decir, lucha– entre quienes aspiran a ocupar la posición, llevándolos a calcular qué pasos dar o no en su función actual; de por sí desacompasado, el ritmo de la acción de gobierno se frena; el adversario recibe envuelta para regalo una ventaja, colocar en el blanco a los posibles sucesores; y la precipitación del juego reduce inexorablemente el margen de maniobra del mandatario en turno.

 

Ante ese cuadro, es inevitable preguntar: ¿la idea de precipitar la sucesión es anunciar el fin del sexenio?

 

 

Si en ningún momento es recomendable precipitar el juego sucesorio así sea para distraer la atención o para ver cómo se mueven los aspirantes y qué reaccionan, esta vez se hizo en el peor de ellos.

 

Justo cuando la coordinación del Ejecutivo y su fracción parlamentaria reclaman armonía, no recelos; cuando el partido en el poder carece de cohesión, organización y dirección; cuando la cantidad de flancos abiertos exige cerrar algunos, en vez de abrir otros hacia adentro y hacia afuera; cuando la circunstancia recomienda apretar filas, no romperlas; cuando la aceptación de la figura presidencial choca con la calificación del gobierno y anima el malestar por la contradicción; cuando la economía demanda certeza y no incertidumbre, dada su frágil recuperación; cuando los gobiernos estatales recién ganados en las elecciones requieren del apoyo y no de los tirones al interior del gobierno federal; cuando el gobierno y su partido están obligados a entender y corregir los errores cometidos, en vez de justificarse con el fácil argumento de haber sido inocentes víctimas de una guerra sucia; cuando el crimen ha mostrado vivo interés por ganar espacio territorial y administrativo…

 

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, se aceleró el juego sucesorio cuando por un mal cálculo político se apostó a realizar dos ejercicios plebiscitarios que pueden colocar en un apuro al gobierno y a Morena. La absurda consulta de si debe someterse o no al imperio de la justicia a los exmandatarios que hubieren incurrido en violación de derechos o ilegalidades, a partir de una pregunta digna de ingresar al salón del galimatías. Y, luego en marzo, la peligrosa consulta de si debe o no revocarse el mandato presidencial. Si el promotor de ambas ideas –el presidente de la República– no consigue llevar, en el primer caso, treinta y siete millones y medio de participantes a las urnas sufrirá un revés importante y si, en el segundo caso, la votación es cerrada aun siéndole favorable recibirá otro golpe. Después de esos eventos, sólo le restará a Morena prepararse para competir por las seis gubernaturas que estarán en juego el año entrante.

 

¿Qué sentido precipitar la sucesión presidencial?

 

 

Desde el inicio de la gestión presidencial se advirtió cierta confusión entre tesón y terquedad, voluntad y posibilidad, querer y poder, deseo y realidad, ahora inquieta la necedad de seguir una ruta que no conduce al lugar adonde se quiere llegar.

 

Este año se han cometido errores y, en vez de corregirlos, se han profundizado. Se advierte resistencia a rectificar, a reconocer la urgencia de replantear objetivos y ruta. El tiempo apremia y, en cada paso mal dado, se reduce la posibilidad de enmendar… fuera de duda está, sin embargo, que precipitar la sucesión llevará a clausurar por anticipado el sexenio. ¿Es esa la idea? EL FINANCIERO

 

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