Dollar
Compra   $ 20.00
Venta   $ 21.00
Director: Manuel Cabrera, Gerente: Laura Carmona. Hoy es Viernes 18 de Septiembre del 2020 Ciudad Juárez, Chih. MX  
 Buscar 
 
 
Cancionero Y ¿dónde está el piloto? FÉLIX CORTÉS CAMARILLO Cancionero  Y ¿dónde está el piloto?     FÉLIX CORTÉS CAMARILLO
De los cien premios de veinte millones de pesos cada uno en la rifa-no rifa del avión-no avión presidencial- no presidencial, el jueves pasado, 24 cachitos ganadores correspondieron a boletos que no se vendieron. Se entregará, dicen, el monto de esos premios al Insabi. El resto de los billetes que vio con buenos ojos la diosa Fortuna que rige los destinos de los hombres son hospitales y escuelas, que nunca sacaron sus escuálidas billeteras para comprar de a quinientos pesos los cachitos de la lotería súper difundida.

FRANCISCO RODRÍGUEZ Falta AMLO en la boleta… de la consulta FRANCISCO RODRÍGUEZ  Falta AMLO en la boleta… de la consulta
Las sandeces de los últimos días han reducido las expectativas más pesimistas. El herradero es ya infame. Ahora la corrupción se anida en todas partes. Hasta en el manoseo del gasto social en sus renglones más sensibles y agraviantes.

Austericida serial para el 2021 Austericida serial  para el 2021
Por José Luis Muñoz.-El austericidio serial que comete el presidente López Obrador, amenaza con un efecto devastador también en el terreno de la educación pública. Posiblemente fueron elegidos los detalles más afinados presentes en sistema educativo para procurar la igualdad, la equidad, la democracia y el combate a la pobreza, con el perverso fin de eliminarlos.

La maldita realidad también mata Joaquín López-Dóriga La maldita realidad también mata Joaquín López-Dóriga
Los tres problemas más graves de México, con la corrupción, son la pandemia y su saldo mortal, la crisis económica, la peor del siglo, y la inseguridad y violencia.

De película: viene ‘rifa dos’ Carlos Marín De película: viene ‘rifa dos’ Carlos Marín
Dos días antes del sorteo con el avión presidencial como señuelo, Constanza Lambertucci publicó en El País: “La excéntrica apuesta del gobierno por el azar como gesto político ha copado cada cierto tiempo el debate público…”.

Fusilar a los narcotraficantes Carlos Puig Fusilar a los narcotraficantes Carlos Puig
Así han de andar las cosas en Sonora con la delincuencia organizada que, en su Informe de gobierno, la alcaldesa de Hermosillo, Célida López, de plano recomendó una nueva medida: “Los traidores a la patria deberían ser fusilados por envenenar a los niños y jóvenes.

Frentes Políticos 1. Trabajo ajeno. Frentes Políticos  1.  Trabajo ajeno.
“En la atención a los movimientos de mujeres en el país, existe empatía en la Secretaría de Gobernación para tratar de resolver sus demandas”, afirmó su titular, Olga Sánchez Cordero.

Rebasar por la izquierda Pepe Grillo  Rebasar por la izquierda   Pepe Grillo
Porfirio Muñoz Ledo propone a Morena rebasar a la Conago y la Alianza Federalista por la izquierda y que sea el propio partido en el poder el que promueva una Convención Nacional Hacendaria.

El Diario Dejan a miles de migrantes extranjeros varados en Juárez El Diario Dejan a miles de migrantes extranjeros varados en Juárez
“Yo lloro todos los días, a veces con mis hijos… ni siquiera hemos podido ir a la primera cita por el cierre de la frontera”, narró entre lágrimas Reyna, una migrante guatemalteca de 28 años, quien fue retornada de Estados Unidos a México

México pide mantener cerrada la frontera con EU hasta el 21 de octubre México pide mantener cerrada la frontera con EU hasta el 21 de octubre
El gobierno de México solicitó al de Estados Unidos, restringir un mes más el cruce, al tránsito no esencial en la frontera, para continuar con las medidas preventivas contra el coronavirus, informó la Secretaría de Relaciones Exteriores.

-Guerra electoral en puerta -Se une la IP a la defensa del agua -Chihuahua capital genera certidumbre  -Guerra electoral en puerta -Se une la IP a la defensa del agua -Chihuahua capital genera certidumbre
Por lo que dijo el presidente López Obrador ayer en la mañanera, es de esperarse una nueva embestida desde el gobierno federal en contra de los agricultores, así como de otros actores participantes en el conflicto del agua de las presas del estado

Un rinconcito hoy de Cristo para ti: Necesito cambiar Un rinconcito hoy de Cristo para ti: Necesito cambiar
Esa sensación de querer cambiar y no poder. Ese momento de quebrantamiento al reconocer tu actual estado y querer con todas tus fuerzas hacer algo por volver a tener aquella sensibilidad ante la presencia de Dios,







Universidad y Cultura / « El hermano Justiniano por Mario Vargas Llosa»
    Fecha: 06 de Abril del 2020 | Reportero(a) Manuel Cabrera

    Imprimir Enviar a un Amigo

*... Premio Nobel de Literatura
El hermano Justiniano por Mario Vargas Llosa
El hermano Justiniano por Mario Vargas Llosa

 

PIEDRA DE TOQUE TRIBUNA i


Él me enseñó a leer y por eso lo recuerdo con gratitud. Un buen lector es el ciudadano ideal de una democracia: nunca se conforma con aquello que tiene. Sin esos inconformes sería imposible el progreso verdadero

Recuerdo con exactitud las diez cuadras que había entre la casa de los Llosa, en la calle de Ladislao Cabrera, y el colegio de La Salle. Yo tenía cinco años y, sin duda, estaba muy nervioso. Ese día, mi primer día de colegio, las recorrí con mi madre que, incluso, me acompañó hasta el aula y me dejó en manos del hermano Justiniano. Este me presentó a quienes serían mis amigos cochabambinos desde entonces: Artero, Román, Gumucio, Ballivián. Al más querido de ellos, Mario Zapata, el hijo del fotógrafo que había documentado todas las bodas y primeras comuniones de la ciudad, lo matarían de una puñalada, años después, en una picantería de Cala-Cala. Como era el niño más pacífico del mundo, siempre he pensado que su horrible muerte fue por defender el honor de una muchacha.

 

El hermano Justiniano era un ángel caído en la tierra. Tenía los cabellos blancos y unos ojos dulces y entrañables. Nos tomaba de la mano y con él cantábamos y bailábamos rondas repitiendo el abecedario y las conjugaciones, y así, jugando, a los seis meses sabíamos leer. El cartero depositaba cada semana cuatro revistas en la casa, tres argentinas y una chilena: Leoplán, para el abuelo Pedro, Para Ti, que leían la abuelita Carmen, la Mamaé, mi mamá y la tía Lala, y, para mí, Billiken y El Peneca. Esperaba esas revistas como maná del cielo y las leía de principio a fin, incluidos los avisos.

Mi mamá tenía un profesor de guitarra y era una lectora empedernida. Me prestó El árabe y El hijo del árabe, pero me tenía prohibido que leyera Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, un libro azul de letras amarillas que escondía en su velador y releía en las noches: entre bostezos, yo la oía. Por supuesto que lo leí, a escondidas, y allí había unos versos que, yo estaba seguro (“Mi cuerpo de labriego salvaje te socava / y hace saltar el hijo del fondo de la tierra”), eran pecado mortal.

 

Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida y, por eso, siempre recuerdo con gratitud al hermano Justiniano y las rondas entre las carpetas cantando y bailando mientras memorizábamos las conjugaciones. Debido a la lectura, ese mundo pequeñito de Cochabamba se volvió el universo. Gracias a los signos que convertía en palabras y en ideas, viajaba por el planeta y podía, incluso, retroceder en el tiempo y convertirme en mosquetero, cruzado, explorador, o viajar por el espacio hacia el futuro en naves silenciosas. Mi mamá dice que la primera manifestación de lo que, con los años, sería una vocación literaria, fue que, cuando los finales de los cuentos y novelas que leía no me gustaban, con mi letra torpe de entonces los cambiaba. Yo no lo recuerdo, pero sí las horas que me pasaba leyendo cada día, después de volver de La Salle y tomar mi vaso de leche fría con canela, mi alimento preferido. El abuelito Pedro se burlaba de mí: “Para el poeta la comida es prosa”. Pero yo no escribía versos todavía en Cochabamba; eso vendría luego, en Piura.

Ahora que, por culpa del coronavirus y el aislamiento forzoso al que estamos sometidos los madrileños, leo desde el amanecer hasta el anochecer, diez horas diarias en un estado de felicidad absoluta (morigerada por el miedo a la plaga), aquellos días cochabambinos vuelven a mi memoria con los fantasmas borrosos de las primeras lecturas que me devuelve el subconsciente: la orgullosa Diana Mayo caía rendida en brazos de su secuestrador Ahmed ben Hassan en los desiertos de Argelia; el espadachín que nació en una celda y, como los gatos, veía en la oscuridad; el Judío Errante y su peregrinación incesante por el mundo. Los niños de entonces —por lo menos en Cochabamba— no leíamos tiras cómicas sino libros, y, sin duda, por eso jamás contraje la adicción al Pato Donald o al Ratón Mickey ni a Popeye, el marinero musculoso. Pero sí a Tarzán y a Jane, con los que volé, de árbol en árbol, por las selvas del África.

 

La vida que no vivimos podemos soñarla. Leer los buenos libros es otra manera de vivir, más libre, más bella

 

En la biblioteca con telarañas de la Universidad de San Marcos leí mi primera obra maestra: el Tirant lo Blanc, en la edición de Martín de Riquer de 1948. Antes todavía, cuando cadete del Leoncio Prado, devoré la serie de los mosqueteros de Alejandro Dumas, y soñaba con D’Artagnan todas las noches.

 

Nada me ha dado tanto placer y felicidad como los buenos libros; nada me ha ayudado tanto como ellos a sortear los momentos difíciles. Sin la literatura me habría suicidado en ese periodo atroz en que supe que mi padre estaba vivo, cuando me llevó a vivir con él y me hizo descubrir la soledad y el miedo. William Faulkner me cambió la vida en plena adolescencia; lo leí con lápiz y papel para identificar sus cambios de narrador, los saltos temporales, los remolinos de esa prosa que mezclaba personajes, tiempos y lugares y aparecía, de pronto, en la novela un reordenamiento de la historia todavía mejor que el cronológico.

 

Para leer a Sartre, Camus, Merleau-Ponty, Simone de Beauvoir y demás colaboradores de Les Temps Modernes, aprendí francés, e inglés para entender a Hemingway, a Dos Passos, a Orwell y a Virginia Woolf, y descifrar el Ulises de Joyce (lo conseguí a la tercera vez). En una cabañita de Perros-Guirec, en Bretaña, en el verano de 1962 leí el tomo de La Pléiade dedicado a Tolstói y desde entonces Guerra y paz me parece la cumbre de la novelística, con el Quijote y Moby Dick. Entre las del siglo XX, nadie ha superado, a mi juicio, La condición humana, de Malraux, con excepción de La montaña mágica de Thomas Mann. En París, el primer día que llegué, en agosto de 1959, descubrí a Flaubert y me pasé toda la noche, en el Wetter Hotel, leyendo Madame Bovary. Fue para mí el más fructífero de los descubrimientos: gracias a Flaubert supe el escritor que quería ser y el que no quería ser.

 

El coronavirus ha resucitado la barbarie en lo que creíamos la civilización y la modernidad

 

Las buenas lecturas no sólo producen felicidad; enseñan a hablar bien, a pensar con audacia, a fantasear, y crean ciudadanos críticos, recelosos de las mentiras oficiales de ese arte supremo del mentir que es la política. La vida que no vivimos podemos soñarla, leer los buenos libros es otra manera de vivir, más libre, más bella, más auténtica. Esa vida alternativa tiene, además, la suerte de estar fuera del alcance de las plagas demoníacas que aterraron siempre a los seres humanos porque en ellas veían a los diablos, que, a diferencia de los enemigos de carne y hueso, eran difíciles de derrotar.

 

Un buen lector es el ciudadano ideal de una sociedad democrática: nunca se conforma con aquello que tiene, siempre aspira a más o a cosas distintas de las que le ofrecen. Sin esos inconformes sería imposible el progreso verdadero, el que, además de enriquecer la vida material, aumenta la libertad y el abanico de elecciones para ajustar la vida propia a nuestros sueños, deseos e ilusiones. Karl Popper tenía razón: nunca hemos estado mejor que ahora (en los países libres, se entiende).

 

El coronavirus ha resucitado la barbarie en lo que creíamos la civilización y la modernidad. Hemos visto en Madrid cosas horribles, como en las residencias: ancianos abandonados al parecer por cuidadores que no tenían mascarillas ni remedios ni ayuda alguna. Los muertos conviviendo con los vivos, durmiendo en las mismas camas. El horror siempre supera al horror, no importa el tiempo histórico. Aun así, con toda la ruina económica y social que traerá al país esta plaga inesperada, si, luego de sobrevivir a ella, hay en España un millón más de españoles, o por lo menos cien mil, ganados a la buena lectura gracias a la cuarentena forzada, los demonios de la peste habrán hecho un buen trabajo.

 

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2020.

 

© Mario Vargas Llosa, 2020.

https://elpais.com/elpais/2020/04/04/opinion/1586018684_844347.html?event_log=oklogin

 

  » Escriba su comentario de esta nota
Su Nombre:
 
Su eMail:
 
Su Pagina Web:
 
Su Comentario:
 
Código
Verificador:

(Repita el código porfavor)
 
 


 
 
 



Todos los Derechos Reservados EnLaGrilla.com Patrimonio de la humanidad 2009

Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido de esta página sin necesidad del consentimiento del autor.


Desarrollado por BACKEND Diseños Web